El 12 de enero de 2005, a las 38 semanas y 3 días de embarazo (sin ningunas contracciones y sin sangrar) mi esposo y yo nos registramos en el hospital tempranito por la mañana. Había preguntado una vez más si debía tener una cesárea pero la doctora de turno me dijo que "no". Un rato después esa doctora me reviso y dijo que estaba ya 2 cm dilatada y que la bolsa de agua del mellizo A, Matthew, tenía que ser rota artificialmente. La doctora rompió mi bolsa de agua y conectó un monitor en la cabeza de Matthew. Mi esposo y yo mirabamos a la pantalla que leía los latidos del corazón de Matthew y de Steven. Un tiempo después mis contracciones llegaron a ser más fuertes y me inyectaron un epidural. Había alguna sangre visible pero la enfermera dijo que era normal a este punto. Unas pocas horas luego mis contracciones eran de 3 a 4 minutos aparte. Después de esto ningún médico entró a revisarme por varias horas. Alrededor de las 16:00 hrs. el próximo médico de turno entró. Él me chequeo y dijo que ahora estaba 6 cm dilatada y que daría a luz probablemente al atardecer. Todo se encontraba tan bien, sin dificultad y un embarazo tan perfecto…era demasiado bueno para ser verdad.

Cuando el médico terminó el examen todo cambió drasticamente….una gran cantidad de sangre salió y mucha de eso le pareció como "sangre vieja". Se alarmó por esta sangre color negro y parduzco. En esos momentos de repente la pantalla indicó que el latido del corazón de Matthew empezo a caer. Cayó en menos de un minuto de 140 latidos por minuto a 80, 60 y 40. Él no respondió cuando cambié de posicion aunque subio rápidamente a 68 y bajó a 40 una vez más. También vi el latido del corazón del mellizo B, Steven, subir hasta 169. En un instante el médico dijo que ellos me harían cesárea de emergencia y que los bebés nacerian esa tarde.

Nuestras vidas cambiaron para siempre después de las 16:00 hrs. Dentro de ésos próximos 20-25 minutos la enfermera me colocó una máscara de oxígeno, fui llevada a emergencia, el anestesista aumentó el epidural y ambos bebés fueron entregados tan rápidamente como fue posible. Mi esposo y yo estabamos tan sacudidos y confusos porque nadie nos decía lo que pasaba. Aunque estaba totalmente sorprendida por todo lo que pasaba no podía entender porque demoraban tanto en darme la cesárea. El ginecólogo de turno empesó a gritar, "¿Porque demoran tanto?" El pediatra que era responsable por ayudarlo a Matthew no estaba todavía en la sala de operación. Cuándo finalmente llegó, Mellizo A, Matthew se entregó a las 16:30 hrs. y según lo que dijo el ginecólogo de turno, "Matthew tenía muy pocos o ningunos signos de vida". Pesaba 5 libras con 15 onzas. Mellizo B, Steven se entregó a las 16:31 hrs. y tan pronto como el médico dijo, "es un varon", oí su primer grito. Después de la prueba de Apgar, Steven fue dado a nosotros inmediatamente. Pesaba 5 libras con 2 onzas.

El médico examinó la placenta de Matthew y empezó a suturar mi incisión. El doctor mantuvo diciendo, "Hay mucha sangre aquí". Tengo una imagen y me recuerdo viendo ha ambas bolsas. La de Matthew era muy sangrienta y oscura y la de Steven era bastante clara. A mi derecha, podía ver al pediatra y los enfermeros que ayudaban la resucitar a Matthew. Lo veía a Matthew sobre la mesa con sus ojos cerrados y no estaba respirando. Empecé a orar en voz alta rogandole fuerte a Dios "Querido Señor, complace y permite por favor que mi bebé viva…haz lo que Tu quieras de mi para que él viva". Lo miraba y lo único que podía ver era un bebé tan hermoso y perfecto. Como su hermanito Steven, medía 48 centímetros de largo, tenía el menton como su papí y los ojitos como los míos. También tenía más cabello que Steven pero su pelito era más oscuro. Y aunque se lo veía tan perfecto por fuera, su cuerpito tan pequeño no respondió al equipo médico. Los médicos trataron de resucitar a Matthew durante esos 40 minutos sólo iniciando resucitación cardiopulmonar. Vi que hacián compresiones en su pecho. Cada tanto el médico le decía a los otros que Matthew no estaba respondiendo y que no había latido del corazón. Fuimos dichos que pudieron obtener el latido de su corazón muy débilmente por un momento corto. En toda esta tragedia yo no podía entender porque no le daban una transfusión de sangre. Con toda la sangre que él había perdido en esos minutos antes de la cesárea, ninguno de ellos pensaron de darle una transfusión. Cada minuto que pasaba en la sala de operación sin la transfusión de sangre le daba menos oportunidad de sobrevivir. Yo oraba esperando que él mostrara algunos movimientos, tomar su primer respiro, dar un grito pero era demasiado tarde. Perdió demasiada sangre y su cuerpito tan pequeño no pudo luchar más. El fue pronunciado muerto a las 17:17 horas y yo no podía creer mis ojos cuando decidieron parar. Me sacaban de la sala, estaba tan mal que empece a llorar y a gritar. El pediatra con sus enfermeros soló me miraban sin decir nada.

En esos momentos no estabamos claros en lo que había sucedido exactamente. El médico de turno nos explicó que Matthew murió debido a una condición con la placenta llamada vasa previa e inserción velamentosa del cordón umbilical. En mi caso, los vasos sanguíneos que corrieron por la cuerda umbilical continuaba creciendo fuera de la cuerda en la placenta y a través de la cerviz. Estos vasos sanguíneos fueron sostenidos por las membranas o la bolsa de agua. La placenta no se había formado correctamente aunque habido hecho su trabajo para alimentar apropiadamente y hacer crecer a un bebé sano. Cuándo el médico había roto mi bolsa de agua esa mañana y las contracciones entonces empezaron, unos de los vasos o arterias se rompió cuando el bebé empujaba hacia abajo. El informe del Patólogo indicó, "…había 7 arterias que van a través de las membranas en la región de la cerviz y una de ellas se rompió". Matthew estubo sangrando pero porque él estuvo cabeza hacia abajo no sabemos cuanto tiempo estuvo asi porque la sangre permaneció dentro del utero. Cuándo el médico me había revisado a las 16:00 hrs., movió la cerviz y esa gran cantidad de sangre salió, no era mi sangre era de Matthew…él había estado desangrandose dentro de mí.

 

La muerte más dolorosa en todo el mundo es la muerte de un niño. Cuándo un niño muere,
no un niño en 11 por 1.000 como hablamos acerca de estadísticamente, pero el niño que una madre
tuvo brevemente en sus brasos - le dejará un lugar vacío en el corazón de sus padres que nunca se cicatrizará.

Thomas H. Kean

(traducido de inglés a español)